lunes, 1 de agosto de 2016

Como superan esta situación “Los Hijos de Dios”

Como debemos superar esta situación “Los Hijos de Dios”


En la Biblia de se presentan 3 situaciones en las que Dios Interviene y ayuda una vez más a sus Hijos a superar la crisis en la que se encuentran pasando Hambre:
·         2ª Reyes 6:25.- Y hubo gran hambre en Samaria, a consecuencia de aquel sitio; tanto que la cabeza de un asno se vendía por ochenta piezas de plata, y la cuarta parte de un cab de estiércol de palomas por cinco piezas de plata.
·         Génesis 42:1.- Viendo Jacob que en Egipto había alimentos, dijo a sus hijos: ¿Por qué os estáis mirando? esta el papa Jacob y esta preocupado por el hambre que había en ese lugar, no ha llovido nos vamos a morir, y los hijos viéndose el uno al otro, y el papa les habla fuerte como diciéndoles  hagan algo!!
Dios bendijo a José de delante de Faraón lo utilizó para salir de la crisis que estaba pasando, vemos como Dios uso todo eso para bendecir a la gente.
·         1ª Reyes 17:10-12.- Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que beba. 11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. 12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja, y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que lo comamos, y nos dejemos morir.
Una vez mas podemos ver que Dios toma el control de la situación y utiliza a unos de sus Hijos “Elías” para bendecir a esta mujer.
Podemos observar que en todo momento Dios toma el control y es en su palabra que debemos apoderarnos, pedirle como hijos que somos, que nos ayude, que envíe su fuego en nuestras vidas, para lograrlo debemos estar claros que como hijos de Dios nuestra actitud debe de ser la de un Hijo Alegre que comparte con sus hermanos. Es importante tener una buena aptitud ante la crisis.
·         2ª Corintios 9:7-10, 11.- Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza, ni por necesidad, porque Dios ama al dador alegre. 10 Y el que da semilla al que siembra, y pan al que come, proveerá y multiplicará vuestra sementera, y aumentará los frutos de vuestra justicia, 11 para que estéis enriquecidos en todo para toda liberalidad, la cual produce por medio de nosotros acción de gracias a Dios.
·         Lucas 6:38.- Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir.
Dad y se os dará y es un principio bíblico y no puede ser quebrantado eso.
·         Proverbios 31:20.- Alarga su mano al pobre, Y extiende sus manos al menesteroso.
Debemos de aprender a ahorrar, y a sembrar no esperemos que se nos agote la provisión, podemos producir, sembrar,
·         Juan 14:13.- Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea glorificado en el Hijo
La oración con Dios debemos cultivarla como lo más sencillo que es hablar con nuestro Padre terrenal, papa  necesito esto, padre necesito aquello, papito dame; es tan simple como que al levantarnos solo debemos ser agradecidos por un nuevo día en nuestras vidas.
Es muy importante que recordemos que es Importante Orar pero debemos trabajar, no permitas que tu corazón se endurezca, Orar sin trabajar es Vanidad, como trabajar sin orar es orgullo.
·         Efesios 4:28.- El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
Debemos pedirle a Dios inteligencia y sabiduría para re-inventarnos cada día, no dejes que la situación te arrope, si hoy no puedes hacer una arepa de harina de maíz, busca en YouTube, la receta de cómo hacer una arepa o unos buñuelos con yuca, hay quien dice que la carne esmechada de la concha del plátano es muy buena.
Busca, investiga pero has algo.
En una maceta en tu casa cultiva una cebolla, un tomate, un ajo, y hasta el cilantro con tal de ahorrar ese dinero para otro alimento,
Síguenos en las redes, y cada semana subiremos una receta de lo que puedes cocinar con lo que se consigue en el mercado, y una manera de como cultivar algo sencillo en tu propia casa.

jueves, 7 de enero de 2016

DIOS CON LOS HOMBRES "UN TRATO PERSONAL"

A Dios toda la gloria y toda la Honra.
Juan Jua_14:6  Jesús le dijo:  Yo soy el camino,  y la verdad, y la vida;  nadie viene al Padre,  sino por mí.


Somos seres Individualistas desde nuestro crecimiento y esto produce en el hombre actitudes muy negativas y lo malo de esto es que, no es fácil ser tratado, en el ejercito aprendes a los golpes y en dos años o doblegas o te doblan el lomo, una vez que comienzas a entender que primero debes pasar por todo desde el nivel mas bajo hasta llegar al Rango mas alto, comienzas sirviendo, hasta que aprendes a servir y es cuando apenas comienzas a Seguir para que otros te sigan, comienzas a recibir ordenes de tus superiores, que luego debes y estas obligado a que los demás cumplan. No es si no hasta después de unos 25 o 30 años cuando logras un rango bastante alto, y es cuando apenas comienzas a entender...
Mateo 20:27.- y el que quiera entre vosotros ser el primero, será vuestro siervo; 


Esta actitud que en muchos casos se cuela entre los cristianos, confronta totalmente con la enseñanza de Dios, que nos es mostrada a través de toda la Biblia.

El hombre no le gusta ser corregido , moldeado , muchas veces ni siquiera quiere ser aconsejado , y se opone.

Una vez que entendemos que Dios nos ama tal como somos, y porque nos ama nos quiere cambiar, esto traer un trato personal ha nuestras vidas, para perfeccionarnos para que seamos verdaderos Hijos de Dios.

y es cuando nos pide: 
Deuteronomio 8:11.- Cuídate de no olvidar al SEÑOR tu Dios dejando de guardar sus mandamientos, sus ordenanzas y sus estatutos que yo te ordeno hoy;


Sucederán muchas cosas que no entenderemos y queremos hablarle (Orar) a Dios, y pregúntale él porque nos vemos en esta situación, hasta recordaremos por mucho tiempo esta pregunta en nuestros corazones, sabemos que no somos perfectos y que hemos cometido muchos errores, pero es ahí en la debilidad cuando Dios nos puede dirigir, podemos asegurar lo veremos a diario; pero no entendemos el porqué de la situación que estamos viviendo, pero Dios habla, y empezaremos ha oír sus respuestas.

Hebreos 12:5.- ¿Y habéis ya olvidado la exhortación que como a hijos se os dirige? Hijo mío, no menosprecies la corrección del Señor, ni desmayes cuando eres de Él reprendido.

Deuteronomio 8:5.- Por tanto, debes comprender en tu corazón que el SEÑOR tu Dios te estaba disciplinando así como un hombre disciplina a su hijo.


El trato de Dios, con cada hombre que fue usado por EL, (es esencial en la relación de Dios con los hombres) con los hombres nacidos en pecado, siempre hay un trato, podemos ver desde Abrahán, Isaac, Jacob, los profetas, los apóstoles, e incluso en alguna manera Hubo un trato con Jesús, (claro que Jesús es Dios) pero en su forma de hombre, la misma palabra de Dios nos dice que Jesús tuvo que aprender obediencia.
Hebreos 5:8.-  Y aunque era Hijo,  por lo que padeció aprendió la obediencia;
Hebreos 12:11.- Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo, sino de tristeza; pero después da fruto apacible de justicia a los que en ella han sido ejercitados.
"Mi escogido en quien mi alma tiene contentamiento"
La única manera de ver de Dios una Sonrisa es sirviendo y servirle es una decisión. Dios no solo nos ama por ser nuestro Padre, También nos estima por ser útiles para su obra, y por eso nos hace merecedores de su ayuda. Solo cuando tenemos un propósito claro en nuestra vida somos capaces de luchar sin cansarnos, sin desmallar, no nos resignamos y luchamos. Dios honra a quien le honra, Honrar a Dios hace que EL nos honre a nosotros. Honrar a Dios es vivir la vida que EL quiere que vivamos. Dios honra a esas personas que le sirven con fidelidad, con compromiso. Dios honra con misericordia, con bendiciones a esos servidores que durante el servicio están al tanto de los detalles, de darle comodidad a otros con amor.

Proverbios 8:25.- Porque el que me halla, halla la vida, y alcanza el favor del SEÑOR.
Proverbios 12:1.- El que ama la instrucción ama el conocimiento, pero el que odia la reprensión es torpe.
Los favores de Dios los demás los pueden ver, El hará que nuestra recompensa se vea en público. Orar nos recompensará en público, ayunar nos recompensará en público. Lo que seamos en la intimidad con Dios la gente lo notará.

Salmo 103:5.- el que sacia de bien tu boca de modo que te rejuvenezcas como el águila.
No todos agradamos a Dios. Tenemos la gracia y el favor de Dios, y por eso Dios no tiene reparos en abrir las ventanas de los cielos y derramar toda clase de bendición sobre nosotros. El favor de Dios es para los justos de corazón.
Proverbios 13:25.- El justo come hasta saciar su alma, pero el vientre de los impíos sufre escasez
Isaias 40:31.- pero los que esperan en el SEÑOR renovarán sus fuerzas; se remontarán con alas como las águilas, correrán y no se cansarán, caminarán y no se fatigarán.

Hebreos 6:10.- Porque Dios no es injusto para olvidar vuestra obra y el trabajo de amor que habéis mostrado a su nombre, habiendo ministrado a los santos y ministrándoles aún.

Esto es favor de Dios. Cuando en la Biblia dice esto lo dice no pensando en que hay que abandonar lo que sabemos que debemos cuidar, pero no puede estar en primer lugar, lo primero que debe estar en nuestra vida en nuestros corazones es Cristo, y Dios se ocupa de nuestros hijos, de nuestra salud, de nuestra familia. Ese es el mejor negocio. Cuando nos ocupamos de las cosas de Dios El se ocupa de las nuestras y nos dará cien veces más. Amén!

viernes, 13 de noviembre de 2015

EL SIGNIFICADO Y VALOR DE ROMANOS 7

EL SIGNIFICADO Y VALOR DE ROMANOS 7

Ahora llegamos al capítulo 7 de Romanos. Hay la tendencia de sentir que este capítulo está mal situado en el lugar donde se halla. Nos gustaría ponerlo entre los capítulos 5 y 6. Al fin del capítulo 6 todo es tan perfecto: entonces viene un quebrantamiento completo en el capítulo 7 y el grito “¡Miserable de mí!”. Entonces, ¿cuál es su enseñanza?
El capítulo 6 trata de la liberación del pecado: y el capítulo 7 de la liberación de la ley. En el capítulo 6 Pablo nos ha relatado cómo podemos ser liberados del pecado y suponíamos que eso fue todo lo que hacía falta. El capítulo 7 ahora nos enseña que la liberación del pecado no basta, sino que también necesitamos liberación de la ley. Si no somos del todo emancipados de la ley, nunca podremos experimentar la plena emancipación del pecado, pero ¿cuál es la diferencia entre la liberación del pecado y la liberación de la ley? Todos conocemos el significado de la liberación del pecado, pero necesitamos conocer también el significado de la ley, si hemos de apreciar nuestra necesidad de liberación de ella.

LA INHABILIDAD TOTAL DEL HOMBRE

Muchos, aunque verdaderamente salvos, se hallan impedidos por el pecado. No viven necesariamente bajo el poder del pecado todo el tiempo, pero hay ciertos pecados que les impiden continuamente y así cometen los mismos pecados repetidas veces. Un día oyen el mensaje pleno del Evangelio, que el Señor Jesús no sólo murió para borrar nuestros pecados, sino que cuando murió nos incluyó a todos en su muerte; siendo así que no se trata solamente con nuestros pecados, sino con nosotros mismos también. Sus ojos son abiertos y saben que han sido crucificados, inmediatamente dos cosas siguen a aquella revelación. En primer lugar, ellos cuentan con que han muerto y resucitado con el Señor y, en segundo lugar, ceden a los derechos del Señor. Ellos ven que no tienen más derecho sobre sí mismos. Este es el comienzo de una hermosa vida cristiana llena de alabanza al Señor. Luego el creyente empieza a pensar en esta manera: “He muerto con Cristo, soy resucitado con Él, y me he entregado a Él para siempre: ahora me corresponde hacer algo para Él, dado que hizo tanto por mí. Quiero agradarle y hacer Su voluntad”. Así que después de la consagración procura descubrir la voluntad de Dios y se propone obedecerle. Entonces es cuando hace un descubrimiento extraño. Pensaba que podía hacer la voluntad de Dios y creía que amaba esa voluntad, pero poco a poco encuentra que no siempre le gusta. A veces encuentra hasta una manifiesta mala gana en obedecer: y a menudo, cuando trata de cumplir, encuentra que no puede. Entonces empieza a dudar de su experiencia espiritual. Se pregunta: “¿Será que yo realmente sabía? ¡Sí! ¿Será que yo realmente contaba? ¡Sí! ¿Será que yo verdaderamente me entregué? ¡Sí! ¿Me he vuelto atrás de mi consagración? ¡No! ¿Entonces qué pasa ahora?”. Cuanto más este hombre procura hacer la voluntad de Dios, tanto más fracasa en cumplir. Finalmente llega a la conclusión que nunca amaba verdaderamente la voluntad de Dios: así que ora por el deseo y el poder de cumplir. Confiesa su desobediencia y promete nunca desobedecer de nuevo. Pero apenas se ha levantado de sus rodillas cuando ha fracasado una vez más: antes que llegue al punto de victoria, es consciente de derrota. Entonces se dice a sí mismo: “Puede ser que mi última decisi6n no fuera bastante definida. Esta vez vaya ser absolutamente terminante”. Así que concentra toda su voluntad sobre el asunto, sólo para encontrar que le aguarda un mayor fracaso que nunca después de la primera tentación. Entonces repite las palabras de Pablo: “Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerla. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. (Ro. 7:18,19).

EL SIGNIFICADO Y EL PROPÓSlTO DE LA LEY

Muchos cristianos son lanzados de repente a la experiencia de Romanos 7 y no saben por qué. Se imaginan que Romanos 6 es bien suficiente. Habiéndolo entendido claramente, piensan que no puede haber más cuestión de fracaso, y entonces con gran sorpresa se encuentran repentinamente en Romanos 7, ¿,Cuál es la explicación? No conocen la liberación de la ley. Romanos 7 nos Es dado para explicar y llevamos a la experiencia de la verdad de Romanos 6:14: “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la gracia”. ¿Cuál, pues, es el significado de la ley? 
La gracia significa que Dios hace algo a mi favor; la ley significa que yo hago algo para Él. Ahora, si la ley significa que Dios demanda algo de mí, la liberación de la ley quiere decir entonces que Él ya no lo demanda de mí, sino que Él mismo lo provee. La ley implica que Dios me requiere que haga algo para Él; la liberación de la ley implica que Él me exime de hacer cosa alguna para Él, y que en gracia Él mismo lo hace en mÍ. Yo (el hombre “carnal” de Ro. 7:14) no necesito hacer nada para Dios: esto es liberación de la ley. La dificultad en Romanos 7 es que el hombre en la carne trató de hacer algo para Dios. Al momento que procuras agradar a Dios, entonces te pones bajo la ley y la experiencia de Romanos 7 empieza a ser la tuya. Cuando un hombre ve que es libertado de la ley, entonces proclama: “Yo no trataré de hacer cosa alguna para Dios”. ¡Qué doctrina! ¡Qué formidable herejía! Pero b. liberación de la ley significa justamente esto, que yo cese de tratar de agradar a Dios (esto es en la carne).
Debemos aclarar que la ley no tiene la culpa de nuestro fracaso. Pablo dice: “La ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Ro. 7:12). ¡No! No hay nada mal en la ley, pero hay algo indudablemente mal en mÍ. Las demandas de la ley sen justas, pero la persona de quien las demanda es injusta. El problema no consiste en que las demandas de la ley son injustas, sino en que yo no puedo cumplidas. El gobierno puede estar en su derecho al demandarme el pago de $ 100, pero ¡lo malo es si yo sólo tengo $ 10 para satisfacer esa demanda! Dios sabe quién soy. Él sabe que desde la cabeza hasta los pies estoy lleno de pecado. Él sabe que soy la debilidad encarnada, que nada puedo hacer. El problema es que yo ignoro esto. Admito que todos los hombres son pecadores y por consiguiente soy pecador; pero me imagino que no soy tan pecador, sin esperanza, como algunos. Dios debe traemos al lugar donde veamos que somos completamente débiles e incapaces. Mientras decimos eso, no lo creemos del todo, y Dios tiene que hacer algo para que estemos plenamente convencidos del hecho. Si no fuese por la ley, nunca hubiéramos conocido cuán débiles somos. Pablo aclara esto en Romanos 7:7: “Yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”. Cualquiera hubiera sido su experiencia con el resto de la ley, fue el décimo mandamiento, que traducido literalmente es: “No desearás... “, el que lo encaró. Entonces, él se vio cara a cara con su total incapacidad y fracaso.
Cuanto más tratamos de guardar la ley, tanto más se manifiesta nuestra debilidad, hasta que se demuestra claramente que somos tan débiles que, en nosotros mismos, no nos queda esperanza alguna. Dios lo sabía antes pero no nosotros, y así Dios tuvo que traernos por experiencias dolorosas al reconocimiento del hecho. Necesitamos que nos sea demostrado, más allá de toda discusión, que somos tan débiles. Es por eso que Dios nos dio la ley.
Así, con reverencia, podemos decir que Dios nunca nos dio la ley para guardada; ¡Él nos dio la ley para quebrarla! Él sabía muy bien que nosotros no podíamos observarla. Somos tan malos que Él no nos pide favor alguno ni hace demandas. Ningún hombre ha logrado hacerse aceptable a Dios por medio de la ley. En ninguna parte del Nuevo Testamento dice que la ley fue dada para ser guardada; pero sí dice que la ley fue dada para que hubiera trasgresión. “La ley se introdujo para que el pecado abundase... (Ro.5:20). ¡La ley fue dada para manifestamos como quebrantadores de la ley! Indudablemente soy pecador, “pero yo no conocí el pecado sino por la ley... porque sin la ley el pecado está muerto.... pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí” (Ro. 7: 7-9). La ley es la que expone nuestra verdadera naturaleza. ¡Ay! somos tan vanidosos, nos conceptuamos tan fuertes, que Dios tiene que darnos algo para probar cuán débiles somos. Al fin lo vimos y confesamos: “Soy un pecador ciento por ciento, y no puedo hacer nada para agradar a Dios”.
Así, la ley no fue dada en la esperanza de que la guardaríamos: fue dada en el pleno conocimiento de que la quebrantaríamos, y cuando la hayamos quebrantado tan completamente que seamos convencidos de nuestra absoluta necesidad, entonces la ley habrá servido su propósito.
Ha sido nuestro ayo para llevamos a Cristo para que Él pueda guardada en nosotros (Gá. 3:24).

CRISTO, EN NOSOTROS, EL FIN DE LA LEY

Hay todavía una ley de Dios, y ahora hay un “nuevo mandamiento” que exige mucho más que el antiguo, pero ¡alabado sea Dios! sus demandas son cumplidas pues es Cristo quien las cumple; es Cristo quien obra en mí lo que agrada a Dios. “No he venido para abrogar, sino para cumplir (la ley)” son sus palabras (Mt. 5:17). Así Pablo, gozando el bien de la resurrección, puede decir: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce (obra) así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:12,13). Dios es el que obra en nosotros. La liberación de la ley no quiere decir que estamos eximidos de hacer la voluntad de Dios, sino que estamos libres de hacerla como de nosotros mismos. Desde aquí en adelante Otro lo hace en nosotros. Una vez que estamos plenamente persuadidos de que no podemos satisfacer la voluntad de Dios, ni siquiera intentamos hacerla, y ponemos nuestra confianza en el Señor, a fin de que Él manifieste en nosotros su vida de resurrección. Desde ahora en adelante si algo es hecho, debe ser el Señor únicamente quien lo haga. Infelizmente, algunos de nosotros, a pesar de saber que no podemos guardar la ley, aún procuramos hacerla.

Voy a ilustrar esta verdad por lo que he visto en mi propia patria. En la China, algunos peones pueden llevar una carga de sal de unos ciento veinte kilos, y algunos, hasta doscientos cincuenta kilos. Pero aquí viene un hombre que sólo puede levantar ciento veinte kilos y hay una carga de doscientos cincuenta. Sabe perfectamente bien que no la puede cargar y, si es prudente, dirá: “No la tocaré”. Pero la tentación de probar es inherente en la naturaleza humana, así que, aunque es imposible que la lleve, todavía trata de hacerla. Cuando jovencito, me divertía observando a diez o veinte de esos hombres que llegaban y probaban, aunque cada uno de ellos sabía que le era imposible. Al fin tuvieron que dejar y dar lugar al que podía. Cuanto antes abandonemos la prueba tanto mejor, porque si ocupamos el terreno entonces no queda lugar para e1 Espíritu Santo. Pero si decimos “No lo haré, confiaré en Ti para hacerlo en mí”, entonces hallaremos que una fuerza más poderosa que nosotros nos lleva adelante. En el año 1923 me encontré con un evangelista renombrado. Yo había dicho algo parecido a lo que antecede, y como volvimos a su hogar juntos, observó: “La enseñanza de Romanos
7 es poco proclamada hoy en día; es bueno oírla de nuevo. El día que fui librado de la ley era un día de cielo en la tierra. Después de ser creyente durante años, seguí tratando de hacer lo mejor que pude para agradar a Dios, pero cuanto más procuré tanto más fracasé. Conceptué a Dios como el ser más exigente del universo, pero me hallaba impotente de cumplir la menor de sus demandas. Un día cuando leía romanos 7, repentinamente fue iluminado y vi que no solamente había sido librado del pecado sino también de la ley. Asombrado, salté y dije: “Señor, ¿es que verdaderamente no me impones más demandas? Entonces no necesito hacer nada más para Ti”.
Las exigencias de Dios no han cambiado, pero no somos nosotros los que podemos cumplidas. Alabado sea Dios, Él es el Legislador sobre el trono, y Él es el guardador de la ley en mi corazón. Él que dio la ley, Él mismo la guarda. Él hace las demandas, pero Él mismo las cumple. Mi amigo bien podía saltar y exclamar cuando descubrió que no tenía nada que hacer, y todos los que hacen tal descubrimiento bien podrían hacer lo mismo. Mientras que tratamos de hacer algo, Dios no puede hacer nada. Es por causa de nuestros esfuerzos, que fracasamos, y fracasamos, y fracasamos. Dios quiere demostrarnos que no podemos hacer nada, y hasta que eso no sea plenamente reconocido, nuestros desalientos y desilusiones no cesarán.
Un hermano que estaba tratando de luchar para ganar la victoria, me dijo: “No sé por qué soy tan débil”. “Lo que pasa a usted”, le dije, “es que es débil para no hacer la voluntad de Dios, pero no es suficiente débil para mantenerse del todo fuera de las cosas. Aún no es bastante débil; pero cuando está reducido a la absoluta incapacidad y persuadido de que no puede hacer nada, entonces Dios hará todo”. Todos necesitamos llegar al punto donde decimos:
“Señor, no puedo hacer ninguna cosa para Ti, pero confío en Ti para que lo hagas todo en mí”.

UNA ILUSTRACIÓN AL CASO

En cierto tiempo estaba parando en determinado lugar con unos veinte hermanos más. Había inadecuada provisión para bañarnos en el lugar donde estábamos, así que íbamos para tomar una zambullida diaria en el río. En una ocasión un hermano sintió calambres en una pierna y estaba hundiéndose: así que llamé la atención de otro hermano, que era un experto nadador, para que acudiera a su rescate, Pero no hizo movimiento alguno. Desesperado, grité:
“¿No se da cuenta que el hermano se está ahogando?” Y los otros hermanos, tan agitados como yo, también gritaron vigorosamente. Pero nuestro buen nadador continuó en su inactividad. 
Con calma y serenidad, se quedó donde estaba. Mientras tanto la voz del pobre hermano que se ahogaba era más apagada, y sus esfuerzos, más débiles. En mi corazón dije: “¡Odio a aquel hombre! ¡Pensar que él dejara ahogar a un hermano ante sus propios ojos sin acudir a su rescate!”
Pero, cuando el hombre estaba ya hundiéndose, con algunas rápidas brazadas, el nadador se puso a su lado, y pronto ambos estaban en tierra. Cuando me vino una oportunidad, expresé mis opiniones. “Nunca he visto a cristiano alguno que amara su vida tanto como usted”, dije yo. “Piense de la angustia que habría ahorrado a ese hermano si usted se hubiera considerado a usted mismo menos y a él un poco más”. Pero el nadador conocía la cosa mejor que yo. Dijo: “Si hubiera acudido antes, me habría agarrado tan fuertemente que ambos nos hubiéramos hundido. Un hombre que se está ahogando no puede ser salvado hasta que está absolutamente exhausto y cesa de hacer el menor esfuerzo para salvarse”.
¿Lo ves tú? Cuando nosotros abandonamos el caso, entonces entra Dios. Él está esperando hasta que lleguemos al fin de nuestros recursos y no podamos hacer nada más para nosotros mismos. Dios ha condenado todo lo que es de la antigua creación y lo ha consignado a la Cruz. “La carne para nada aprovecha” (}n. 6:63). Si tratamos de hacer algo nosotros mismos, estamos prácticamente repudiando la Cruz de Cristo. Dios nos ha declarado aptos sólo para muerte. Cuando verdaderamente creemos esto, entonces confirmamos el fallo divino al abandonar todos nuestros propios esfuerzos para agradarle. Cada esfuerzo nuestro de hacer su voluntad es una negación de su declaración en la Cruz acerca de nuestra absoluta inutilidad. 
Nuestros continuados esfuerzos son señal de que hemos entendido mal las demandas divinas por un lado, y la fuente de provisión por otro.
Contemplamos la ley y pensamos que debemos cumplir sus demandas pero necesitamos recordar que, aunque la ley en sí misma está bien, estaría mal aplicarla a la persona a quien no corresponde. El “miserable hombre” de Romanos 7 trató de afrontar él mismo las demandas divinas, y eso fue la causa de angustia. El repetido uso de la primera persona (el yo) da la clave del fracaso. “El querer el bien está en mí, pero no el hacerla” (Ro. 7: 18). Había un concepto erróneo fundamental en la mente de ese hombre. Él pensaba que Dios le pedía a él guardar la ley, y así por consiguiente estaba tratando de guardarla. Pero Dios no requería ninguna cosa de É1. ¿Cuál fue el resultado? Lejos de hacer lo que agradaba a Dios, se hallaba haciendo lo que le desagradaba. En sus mismos esfuerzos de hacerla, hizo exactamente lo opuesto de lo que él sabía ser la voluntad divina.

“GRACIAS A DIOS”

Romanos 6 trata del “cuerpo de pecado” (6:6); Romanos 7 trata del “cuerpo de muerte” (7:21).
En el capítulo 6, todo el tema que nos presenta es el “pecado”: en el capítulo 7 nos presenta la “muerte”. ¿Cuál es la diferencia entre cuerpo de pecado y cuerpo de muerte? Mi actividad respecto al pecado hace de mi cuerpo un cuerpo de pecado: mi inactividad con respecto a la voluntad de Dios lo hace un cuerpo de muerte.

¿Has descubierto la verdad de esto en tu vida? No basta haberla descubierto en Romanos 6 y 7. ¿Has descubierto que estás llevando el peso muerto de un cadáver en relación a la voluntad de Dios'? No tienes dificultad en hablar acerca de las cosas terrenas, pero cuando tratas de hablar para el Señor tienes impedimento en el habla; cuando tratas de orar, te sientes medio dormido; cuando tratas de hacer algo para el Señor, te sientes indispuesto. Puedes hacer cualquier cosa salvo aquellas que se relacionan a la voluntad divina. Hay algo en este cuerpo que no armoniza con la voluntad de Dios.
¿Qué significa muerte? Muerte es la debilidad en su punto extremo -debilidad, enfermedad, muerte. La muerte significa total debilidad, débil hasta tal grado que no podrá ser peor.
Que yo tenga un cuerpo de muerte en relación con la voluntad de Dios significa que soy tan débil con relación a servir a Dios, tan completamente débil, que soy reducido a un grado de lamentable desamparo. “Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte'?”, clamó Pablo (Ro. 7:24). Es bueno cuando alguien clama como hizo él. No hay nada más melodioso en los oídos del Señor. Este clamor es el más espiritual y el más escritural que puede un hombre articular. Sólo lo hace cuando sabe que nada puede hacer y deja de hacer nuevas resoluciones.
Hasta este punto, cada vez que fracasa, hace una nueva resolución y dobla y redobla la fuerza de voluntad. A la larga descubre que no hay posibilidad de hacer más determinaciones y clama con su desesperación: “Miserable de mí!” Ha llegado a un grado donde desespera de sí mismo.
¿Has desesperado de ti mismo o todavía esperas que si leyeras u oraras más serás mejor cristiano'? El leer y el orar no son cosas equivocadas, pero la equivocación es confiar en ellos para la victoria. Nuestra confianza debe estar en Cristo sólo. Felizmente el “miserable hombre” no meramente deplora su miseria, sino hace una pregunta excelente, a saber: “¿Quién me librará'?” “¿.Quién?” Hasta aquí ha buscado un 'algo', ahora busca un 'quien'. Hasta aquí ha mirado adentro por la solución de su problema: ahora busca un Salvador fuera de sí mismo.
No pone más en juego el esfuerzo propio; toda su expectativa está ahora en otro.
¿Cómo obtuvimos el perdón de los pecados'? ¿Fue por la lectura, la oración, las caridades, etc.? No, miramos a la Cruz, confiando en lo que el Señor había hecho, y la liberación del pecado opera exactamente sobre el mismo principio que el perdón de pecados. En el asunto del perdón miramos a Él sobre la Cruz: en el asunto de la liberación miramos a Él en nosotros. Acerca del perdón dependemos de aquello que Él ha hecho: en relación a la liberación dependemos de lo que Él hará en nosotros. Pero en relación tanto al perdón como a la liberación, nuestra dependencia será de Él sólo. Él es quien hace todo. En el tiempo cuando fue escrita la epístola a los Romanos, era castigado un asesino en una manera rarísima y terrible. El cadáver del muerto era atado al cuerpo viviente del asesino; cara a cara, mano a mano, pie a pie; y el viviente quedaba ligado al muerto hasta la muerte.
Estaba libre el asesino de ir donde quisiera, pero por doquier tenía que arrastrar el cadáver del muerto. Pablo se sintió ligado a un cuerpo muerto e incapaz de librarse. Donde quiera que fuera, fue impedido por esta carga terrible. A la larga no pudo aguantar más y clamó: “Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Pero su grito desesperado es seguido inmediatamente por un canto de alabanza. Esta es la contestación a su pregunta. “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Ro. 7:25).
Sabemos que la justificación es por medio del Señor Jesús y que no requiere obra de nuestra parte; pero creemos que la santificación depende de nuestros esfuerzos. Creemos que solamente obtenemos el perdón por confianza completa en el Señor; pero creemos que sólo podemos obtener liberación con hacer algo nosotros. Tememos que si no hacemos nada, nada sucederá. Después de la salvación, la vieja costumbre de hacer algo se afirma de nuevo y comenzamos otra vez nuestros esfuerzos propios. Entonces la Palabra de Dios se oye de nuevo: “Consumado es”. Él ha hecho todo en la Cruz para mi perdón y va a hacer todo en mí para mi liberación. En ambos casos, Él es el Hacedor. “Dios es el que en vosotros produce el querer como el hacer” (Fil. 2: 13).
Las primeras palabras del hombre liberado son muy preciosas: “Gracias doy a Dios”. Si alguien te da un vaso de agua, le agradeces a él, no a ningún otro. ¿Por qué dijo Pablo: “Gracias doy a Dios”? Porque Dios era el que hizo todo. Si hubiera sido Pablo quien lo hiciera, habría dicho: “Gracias doy a Pablo”; pero él vio que Pablo era un “miserable” y que sólo Dios podía atender a su necesidad. Así que él dijo: “Gracias doy a Dios”. Dios quiere hacer todo porque Él quiere toda la gloria. Si nosotros hiciéramos parte de la obra entonces nos tocaría algo de la gloria; pero Dios la quiere toda, así que Él hace toda la obra del comienzo hasta el fin.
Lo que hemos dicho en este capítulo podría parecer negativo y no muy práctico si quedásemos aquí, como si la vida cristiana consistiera en sentarnos y esperar que algo suceda. Por supuesto, es cosa muy distinta. Todos los que la viven, saben que es asunto de una fe en Cristo muy positiva y activa, y en un nuevo principio de vida: la ley del Espíritu de vida. Pablo explica en los primeros nueve versículos del capítulo 8 cómo obtenemos la liberación y cómo somos capacitados para vivir una vida santa en el mundo. Él muestra que es todo por el Espíritu Santo. Veremos ahora los efectos en nosotros de este nuevo principio de vida.

(texto proviene del Libro: La vida Cristiana Normal escrito por Watchman nee.)


lunes, 5 de octubre de 2015

LA VIDA CRISTIANA NORMAL "Watchman Nee"

LA VIDA CRISTIANA NORMAL

Watchman Nee


C O N T E N I DO
Prólogo
1 La Sangre de Cristo
2 La Cruz de Cristo
3 Revelación y experiencia cristiana
4 La Cruz – La cresta divisoria
5 La verdadera naturaleza de la consagración
6 El significado de Romanos 7
7 Andando en el Espíritu
8 El eterno propósito de Dios


https://www.youtube.com/watch?v=dcWakjjEuEc&list=PL5BoieDVj3Levk3BUsa2eSV-S3GVbUAJ5

http://zoecostarica.com/publicaciones/watchmannee/la-vida-cristiana-normal-watchman-nee.pdf


sábado, 8 de septiembre de 2012

EL PODER DEL DECRETO


Apóstol Rony Chaves


“Escribid, pues, vosotros a los judíos como bien os pareciere, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey; porque un edicto que se escribe en nombre del rey, y se sella con el anillo del rey, no puede ser revocado.
 Entonces fueron llamados los escribanos del rey en el mes tercero, que es Siván, a los veintitrés días de ese mes; y se escribió conforme a todo lo que mandó Mardoqueo, a los judíos, y a los sátrapas, los capitanes y los príncipes de las provincias que había desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias; a cada provincia según su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, a los judíos también conforme a su escritura y lengua”. 
Ester 8:8-9 

jueves, 3 de noviembre de 2011

Bajo el liderasgo de la Pastora Marta Vegas, Llevando la Palabra de Dios a nuevas fronteras

Mi Dios me da siempre todo lo mejor; ¡me hace fuerte como las águilas! Salmo 103

Proverbios Capítulo 16 16:1 
"El hombre hace proyectos en su corazón, pero el Señor pone la respuesta en sus labios."
16:2 El hombre piensa que todos sus caminos son puros, pero el Señor pesa los corazones.
16:3 "Encomienda tus obras al Señor, y se realizarán tus proyectos."
16:4 El Señor lo hizo todo con un fin, incluso al malvado, para el día nefasto.
16:5 El corazón altanero es abominable para el Señor, tarde o temprano no quedará impune.
16:6 Por la bondad y la fidelidad se expían las faltas, y con el temor del Señor se evita el mal.
16:7 "Cuando el Señor se complace en la conducta de un hombre, lo reconcilia hasta con sus mismos enemigos."